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miércoles, 25 de mayo de 2016

LA PIJA Y LA BARRA DE LABIOS




Entró al centro comercial meneando el culo cadenciosamente, como siempre hacía al caminar. Era una chica muy hermosa, con un cuerpo escultural en el que se notaban las muchas horas de gimnasio y de dieta, y cuyos contornos se apreciaban claramente dada la estrechez de las prendas que vestía. Como todas las pijas tontas que se precien de serlo, ésta, por supuesto, también era rubia. Y ni que decir tiene que, a ojos del sexo contrario, estaba muy buena.

No obstante, pese a la superficialidad de su carácter, era una chica decidida que sabía lo que quería. Y lo que quería, lo que había ido a buscar, era una barra de labios. Pero no una barra cualquiera. La que quería era una Rouge Dior Baume Edición Limitada Primavera 2016 – 750 Rosebud. La había visto en el catálogo y se había enamorado de ella. Tenía que adquirirla, que poseerla, a cualquier precio, pasara lo que pasara, aunque se desmoronaran los pilares del mundo y cayera la civilización occidental, ella no saldría del centro comercial sin lo que había ido a buscar. No podría ser feliz si no la conseguía. Así que cuando llegó decidida al mostrador de la sección de cosméticos, le descerrajó al vendedor a la cara sin ninguna compasión:

- Quiero una barra de labios Rouge Dior Baume Edición Limitada Primavera 2016 – 750 Rosebud.

A lo que el pobre vendedor se le ocurrió contestar:

- Lo siento, señorita, pero justo ese color no lo tenemos ahora mismo, pero no se preocupe, que ahora mismo le muestro la amplia gama que poseemos, y seguro que encontramos algún otro que...

Claro está que todo esto lo había dicho el vendedor automáticamente, mientras abría el expositor y sacaba un amplio surtido de muestras. Pero, en cuanto dejó las muestras en el cristal del mostrador y miro a la chica, no pudo menos que sorprenderse. Su expresión era de auténtico odio.

- ¿Cómo que no lo tienen? Tienen que tenerlo. No acepto un “no” por respuesta. 

- Pero, señorita... Yo es que... Verá... Lo tenemos habitualmente, pero se ha agotado, aunque ya está pedido, si quiere esperar unos días a que llegue...

- ¿Unos días? - dijo la rubia casi en un susurro – !UNOS DÍAS! – Volvió a repetir, aunque esta vez gritando en una explosión de cólera.

- Bueno, quizá haya algún otro que le guste... – les respondió titubeante el vendedor, que ya comenzaba a estar de verdad asustado.

La cara de la pija se retorció hasta semejar una máscara de un dios africano.

- ¿Acaso te parezco una mujer que se conforme con cualquier otro? - Dijo, arrastrando las palabras como un prólogo de lo que iba a suceder a continuación, mientras abría su diminuto bolso de Cartier y metía la mano en él.

- Señorita... Por favor... Yo... Yo... – Atinó a decir el vendedor entre balbuceos, cada vez más asustado, que comenzaba a sudar copiosamente.

Y, del minúsculo bolso, como si fuera el de Mary Poppins, la pija sacó un hacha descomunal que ninguna ley de la física podría explicar cómo demonios ni con qué acto de brujería había logrado meter ahí.

Lo último que acertó a decir el vendedor entre horripilantes gritos de terror fue – ¡SEÑORITA, POR FAVOR! ¡NOOOOOOOOOO! – mientras el hacha le caía implacable justo en medio de la frente, justo entre los ojos, separando su cabeza en dos mitades perfectas, mostrando sus hemisferios cerebrales, aún calientes, aún procesando lo que había sucedido, y sin necesidad de ningún escáner, a la vista de todo el mundo.

Acto seguido, la pija mojó su dedo índice en la sangre y sesos que le manaban de la cabeza al difunto, cuyo cuerpo aún se convulsionaba levemente, se pasó delicadamente el dedo ensangrentado por los labios, se frotó el labio superior contra el inferior, se miró en el espejo, y se dijo a sí misma – ¡Perfecto! –

Y lo más curioso es que nadie hizo nada. Nadie gritó y huyó con pánico. No hubo un tumulto. De hecho, lo más extraño de todo es que ni siquiera nadie miró mientras la carnicería y los espantosos alaridos tenían lugar. Todo el mundo siguió a lo suyo, con sus compras, con sus idas y venidas, con sus conversaciones intrascendentes, con sus transacciones comerciales de intercambio de mercancías por dinero de plástico, con la atención puesta exclusivamente en lo que estaba haciendo, sin inmutarse, como si no fuera con ellos, como si el sacrificio de un semejante fuese lo más normal del mundo. Es más, el guardia de seguridad sonrió con picardía a la rubia cuando pasó a su lado, hacha ensangrentada en mano, los labios rojos de sangre y sesos, y le miró descaradamente el culo bamboleante cuando ya salía, mientras los limpiadores ya se afanaban en retirar el cadáver y limpiar todo aquel desaguisado.

1ª MORALEJA: Jamás te interpongas entre una pija y su barra de labios.

2ª MORALEJA: Sólo hay una cosa peor que las iras de una pija, y es la falta de empatía y la indiferencia ante las injusticias que cotidianamente y por doquier nos rodean.


jueves, 12 de mayo de 2016

ALGO QUE DECIR





Hace tiempo ya que nada nuevo escribo,
y hoy me siento aquí a ver qué es lo que sale.
Rimas busco, mas ninguna nada vale.
Que no es fácil ya de entrada lo percibo.

A unos cuantos versos con apuro arribo...
Ahora sólo falta que los acicale
sin dejar que la simpleza me acorrale.
Entre tanto verbo apenas sobrevivo.

Tengo ya compuesta parte de la obra,
cinco versos más y ya tendré un soneto
aunque sé que alguien me dirá que sobra

una sílaba para que sea un soneto,
y la acentuación quizá también zozobra:
la inflexible sinalefa es un aprieto.

Y a licencia de poeta yo me apunto,
que si esto ya no va a ser más soneto
cuatro versos descarados encasqueto,
mas que a alguno ésto no guste ya barrunto.

Y dos versos aún incluyo sin pudor
sin que ello me produzca ningún horror.

Y ya que es una chapuza en cuanto a métrica
defiéndome alegando que es prosa poética,

pero me percato de cuánto llevo ya escrito
y de que aún no he dicho nada, eso lo admito,

así que, como conclusión, será que para escribir
primero será que habrá que tener algo que decir.

Porque no se puede estar dando vueltas en redondo
una y otra vez si previamente no hay trasfondo.

Y si no fíjense ustedes que aquí podría yo seguir
durante líneas y más líneas sin tener nada que decir

usando rimas fáciles con participios e infinitivos
que no tienen sustancia, ni méritos, ni motivos,

pero no lo hago, porque para eso mejor es callar
que delante del teclado dedicarme a parlotear.

Así que ya me callo, ya... Ustedes no se preocupen,
y en leer esta suprema chorrada su tiempo no ocupen.





domingo, 24 de abril de 2016

EL HOMBRE QUE MORDIÓ AL PERRO

N. del A.: Los de las fotos no son imágenes descargadas de internet, sino de mis propios perros, a los que amo profundamente y considero miembros de mi familia. El negro es Luke, un mestizo recogido de la calle que lleva ya casi ocho años a mi lado. El blanco de Trasto, otro mestizo recogido de un albergue que apenas lleva seis meses conmigo





TITULAR DE LA PRENSA DE ESTA MAÑANA:

Esta mañana ha tenido lugar un suceso insólito en una céntrica calle de la ciudad que ha dejado atónito a todo aquel que ha podido presenciarlo.
Un hombre ha agredido a un perro, propinándole un feroz mordisco en una oreja, que a punto a estado de hacer que la pierda. El dueño del animal, después de haber presentado la debida denuncia en la comisaría más cercana, ha llevado a su mascota a vacunar, porque según parece, el agresor bien pudiera tener la rabia, aunque esto aún no se sabe con certeza. – No deberían dejarlo salir a la calle sin bozal – declaró a este periódico el airado ciudadano.
En cuanto al cánido atacante, la policía descarta la posibilidad de que lo hiciera por hambre, pues según todos los indicios, parece ser que había desayunado bien y hacía poco tiempo. Se desconoce pues el móvil de los hechos, por lo que las investigaciones seguirán su curso mientras el detenido pasa a disposición judicial.

LA VERSIÓN DEL ATACANTE, PENSADA EN PRIMERA PERSONA:

Iba por la calle, caminando sin saber a donde, mientras en mi cabeza le daba vueltas y más vueltas a la cuestión. No sabía cómo iba a pagar el alquiler de este mes, pues con mi suegra enferma, sin trabajo desde que me habían sustituido como contable de la empresa por una computadora, sin muchas posibilidades de encontrar un nuevo puesto de trabajo a mi edad, y con cuatro hijos que mantener, que además comían como lobos, el asunto no estaba nada fácil.
¿Acaso nos íbamos a ver todos en la calle durmiendo? No podía permitirlo, pues tan sólo de pensarlo me daban ganas de gritar de rabia y frustración. Pero, ¿cómo solucionar esto? ¿Acaso atracando un banco…? No, no podía ser. Siempre he sido muy gafe y muy torpe, y seguro que acabaría pegándome un tiro en el pie yo mismo. Entonces, ¿qué hacer? ¡Dios mío, ilumíname, por favor, estoy desesperado! ¡Muéstrame el camino!
A todo esto le iba dando vueltas en la cabeza, cuando la respuesta a mis plegarias llegó… en forma de caca de perro. Pisé una, resbalé, y caí sobre ella. Para colmo de mis males, encima esto. Durante unos segundos, odié a todo el mundo, odié a la vida, a la gente, a las ciudades llenas de mierda, pero sobre todo, por encima de todas las cosas, odié a todos los perros de este planeta, y los hubiera matado a todos de tenerlos en mis manos. Ellos no tenían preocupaciones, no tenían que pagar agua, luz o alquiler, les daban la comida sin que tuvieran que hacer nada a cambio, tenían donde dormir, continuamente les estaban rascando y acariciando detrás de las orejas, y encima hacían caca en donde les venía en gana. Y mientras tanto, yo llevando una miserable “vida de perros”. ¡Ja! Ya hubiera querido yo en ese momento cambiarme por los adorables caniches de la marquesa de turno que siempre sale en las revistas del corazón. ¡Era intolerable! De buena gana le hubiera arrancado la oreja a uno de un mordisco. Eso me desahogaría, sí, desahogaría toda mi rabia. Vería en él al jefe de mi empresa, a mi “querida” suegra, a los gorrones de mis hijos, al vecino del quinto, con el que mi mujer coquetea todas las mañanas, al del tercero, que tiene un perro que se pasa toda la noche ladrando y no me deja dormir, a todos los perros del mundo, que andan cagando libremente por las calles, y a todos ellos les arrancaría la oreja de un mordisco. Sí, era una idea maravillosa. Así todos conservarían mi marca en sus orejas, y este maldito perro mundo no volvería nunca más a reírse de mí.


Y LA VERSIÓN DEL ATACADO, TAMBIÉN PENSADA EN PRIMERA PERSONA:

Nunca le he hecho daño a nadie. Me gusta jugar. Cuando hablo, siempre lo hago con buena intención, buscando juego, aunque no todos comprenden mi lenguaje, a veces sucede que piensan que estoy enfadado, cuando en realidad sólo te estoy pidiendo que me hagan caso. Cuando salgo a pasear, me gusta conocer a otros como yo, correr, saltar, brincar, revolcarme hasta no poder más, y acabar jadeante y feliz. Nunca cruzo la carretera sin permiso del hermano mayor de mi clan, que camina sobre sus dos patas traseras, me da de comer, me hace cosquillas detrás de la oreja y me tira palos para que vaya a buscarlos. Yo no entiendo por qué los tira lejos si quiere después que se los traiga de vuelta. Pero como él manda, yo obedezco. A veces marco mi territorio donde no debo, y él se enfada. Pero nunca es muy severo. Su castigo no pasa de un gruñido, y yo agacho la cabeza y las orejas, y él sabe que no tiene que pasar de ahí. Entonces vuelve a rascarme detrás de la oreja, y la vida vuelve a ser sencilla y feliz. Hasta el otro día. No sé por qué, un perro de esos que camina erguido sobre sus dos patas traseras, sin venir a cuento de nada, me mordió la oreja. Sin ningún motivo. No entendí por qué. Yo no le había hecho nada. Estaba a la mía, corriendo detrás una pelota o una ardilla o un lagarto, o quizá olisqueando traseros, ya no me acuerdo, cuando, de repente, se lanzó sobre mí con los ojos rojos y enseñando los dientes y me mordió la oreja. Me dolió mucho, y mi quejido se escuchó en todo el territorio. Por suerte, el hermano mayor de mi clan estaba cerca y salió en mi defensa, como es la obligación de un hermano mayor. Aunque no me gustó ese perro que camina erguido sobre sus patas traseras, ese que me mordió, me siento feliz de compartir el territorio de mi hermano mayor. Sé que no todos los perros que caminan erguidos sobre sus dos patas traseras son como aquél malo y gruñón que me mordió.

MORALEJA:

En toda historia siempre hay más de una versión.

N. del A.: Una reflexión personal para terminar. No son pocas las ocasiones en las que considero que si los seres humanos fuéramos como ellos, mejor nos iría. Por eso, jamás he entendido el llamar "hijo de perra" como un insulto. Mi señora madre también ha amado siempre a los perros (posiblemente a mí se me pegó de ella), y sé que no le importaría un pimiento la comparación con una especie tan noble, tan fiel y tan leal.


lunes, 18 de abril de 2016

LA CENA DE NAVIDAD




Cuando el invitado llegó a la cena de Navidad, no esperaba en absoluto el menú que le pondrían delante: ensalada de alambre de espino de entrante, tachas aliñadas de primer plato, estofado de cristales rotos de segundo, y flan espolvoreado con estricnina de postre. Como era lógico, de primera entrada pensó que se trataba de alguna broma, de alguna ocurrencia gastronómica, y que el hilo de alambre estaría hecho con queso enrollado y pintado, los cristales rotos serían de azúcar, que las tachas serían de bizcocho, y que la estricnina sería azúcar glasé, y que todo lo demás sería por el estilo. Vamos, una broma en toda regla. Por eso, al igual que el resto de invitados y comensales, al llegar se sentó en el lugar donde estaba la tarjeta con su nombre sin plantearse ninguna otra opción, puesto que hubiera sido absurdo rechazar una invitación que venía de unos cocineros de tanto renombre, aún cuando la carta fuese tan extraña.

Todas las sillas estuvieron al fin ocupadas, y los anfitriones fueron sirviendo los platos uno detrás de otro. El alambre de espino estaba cortado en pedazos pequeñitos que se disimulaban bastante bien entre la cobertura de lechuga y tomate, pero al tacto de los labios y la lengua se evidenciaba demasiado duro para ser queso. Era imposible morderlo, puesto que no se rompía. Más bien al contrario, algún que otro molar sí que se rompió en el intento, así que los comensales comenzaron a tragar los trozos enteros, ayudados por la textura oleosa del aliño. A nadie gustó la sensación de tragar aquellos trozos de metal, pero nadie dijo nada porque era completamente absurdo que a alguno de ellos, personas de mundo de exquisitos gustos, no gustara una delicatessen de la nouvelle cuisine. Así que todos tragaron sin decir nada, bajando como podían con agua o vino los pedazos de alambre de espino para que no quedaran atrancados en la tráquea.

Con las tachas aliñadas pasó exactamente lo mismo: cada uno las fue tragando de una en una, sin quejarse, con una sonrisa estupefacta en la boca. ¿Cómo podían no gustarles? Era absurdo pensar que cualquiera de ellos se hubiera quejado por comer alambre de espino o tachas. Ya algunos comenzaban a sangrar por las comisuras de los labios, pero alguien comentó que el sabor del plato mezclado con el de la propia sangre hacía la experiencia más deliciosa, todos asintieron, y nadie se quejó: hubiera sido absurdo quejarse. Si a todos debía gustar por fuerza las delicatessen de la nouvelle cuisine, ¿quién hubiera sido capaz de llevar la contraria, y decir “no, a mí esto no me gusta”. La idea de que alguno de los comensales protestara era absurda, así que todos siguieron comiendo hasta rebañar los platos.

Cuando llegó el estofado de cristales, al primer mordisco quedó claro que aquellos no estaban hechos de azúcar, pues el modo en el que se clavaban en las encías y en el paladar no dejaba lugar a ninguna duda: eran cristales de verdad. Pero una vez que se daba el primer mordisco, todos se miraban unos a otros, y como nadie se quejaba, y todos asentían sonriendo de manera absurda, daban por hecho que era absurdo opinar que aquello no era un plato comestible, así que seguían masticando y tragando.

Muchos ya comenzaban a sangrar copiosamente por la boca. Algunos ya comenzaban a desplomarse sin vida sobre la mesa y los platos. Pero nadie dejó de comer: hubiera sido absurdo dejar de hacerlo ante unas delicatessen tan exquisitas de la nouvelle cuisine. Ninguno de ellos quería ser el bicho raro de opinión discordante que no estuviera de acuerdo con la mayoría.

Para el postre ya sólo quedaban dos comensales vivos, sentados uno frente al otro, sudando copiosamente y con la expresión de dolor y sufrimientos estoicamente disimuladas en sus rostros, dispuestos a seguir hasta el absurdo final, porque hubiera sido absurdo parar de comer. Para cuando el primero dio el primer bocado al flan espolvoreado de estricnina, balbuceó entre espumarajos de sangre y vómito: “¡Qué delicia de bocado, que no corta los labios, ni la lengua, ni la garganta!”. Y cayó muerto, fulminado.

El último comensal se levantó con mucho esfuerzo, apoyando las manos en la mesa entre estertores y espasmos, la cabeza desplomada sobre el pecho, y lo último que dijo entre jadeos cuando ya no quedaba nadie para escucharlo fue: “pues yo creo que no me apetece postre”. Y cayó de espaldas al suelo, muerto sobre el charco de la sangre que manaba de sus entrañas a través de cada uno de los poros de su piel.

Y menos mal que nadie le escuchó decir tal cosa, porque hubiera sido completamente absurdo que alguien hubiera rechazado un postre tan delicioso.

MORALEJA: Y es que, en esta vida, niños y niñas, también hay que saber decir que no, aunque ello no sea lo estipulado, lo que se espera de nosotros, lo "políticamente correcto".

 

sábado, 9 de abril de 2016

EXTRAÑAS AMISTADES




"Abrázame", le dijo araña a la mosca, "que estoy necesitada de cariño, pues desde que me comí a mi esposo estoy sola en el mundo".

¿Y qué creeréis que pasó? Pues que la mosca fue y un abrazo a la araña le dio.

Pero, inexplicablemente, en este caso ninguna de las dos murió.

Ambas a su propia naturaleza inexplicablemente sobrevivieron.

Hoy, mucho tiempo después del suceso, ya son viejas amigas que se reunen cada martes para tomar el té, y conversar sobre su extraña amistad.

La araña le cuenta a la mosca qué fue lo que falló en su vigesimoquinto matrimonio, y por qué también tuvo que comerse a ese marido.

La mosca, a su vez, le cuenta que encontró un excremento de aroma exquisito en el cual le place retozar, haciéndola extremadamente feliz y no necesitando nada más de la vida.

Y así, esa larga eternidad se prolongó... Al menos durante 24 horas más.

¿Dije acaso que mucho tiempo más había durado su amistad? Por supuesto, pues el tiempo es relativo.

En cuanto a lo de que se veían cada martes, ¿quién sabe cómo organiza una mosca su díptero calendario? Yo tan sólo lo he transmitido tal cual me lo contaron a mí...

¿Y que quién me lo contó? Pues una mosca precisamente fue, que ella a su vez de otra lo escuchó.



AGENDA PARA MAÑANA













AGENDA PARA MAÑANA:



  • De 8:00 a 10:00 - Intentar conquistar el mundo
  • De 10:00 a 11:00 - Fracasar en el intento, y tomar represalias. Buscar armas de destrucción masiva. Si el mundo no es mío, no será de nadie.
  • De 11:00 a 12:00 - Luchar contra los superhéroes que intenten frustrar mis malvados planes.
  • De 12:00 a 14:00 - Almuerzo y siesta.
  • De 14:00 a 18:00 - Continuar con mi intentos de destrucción mundial. Probar con armas químicas y bacteriológicas.
  • De 18:00 a 20:00 - Hacer deberes.
  • De 20:00 a 22:00 - Cenar y ver la tele.
  • De 22:00 en adelante: Acostarse a dormir, que mañana podré seguir destruyendo el mundo.

viernes, 8 de abril de 2016

EN ESTE MUNDO DE LEGISLADA QUIMERA



En este justo mundo de legislada quimera
es cierto que cada cual come mierda a su manera.

Hay quien obligado está a comerla a diario,
pues, pobrecitos, ese es de la aurora su rosario.

Hay otros que la comen esporádica y frugal,
aunque no por ello sus bocas huelen menos mal,

pero el caso es que es una verdad eterna e inmutable
que, naciendo pobre, la mierda resulta más tragable,

y que todo aquel que nació siendo hijo de vecino
antes o después paladeará este escatológico desatino.

Así que, niños, acostumbraos cuanto antes a ella,
acostumbraos a su sabor sin tener por ello querella,

aliñadla como os plazca, acaso salpimentada,
con aceite y vinagre, frita o incluso estofada,

pero tened claro que en cuanto antes lo aceptéis
quizá, con suerte, a su gusto os acostumbraréis.

Así, cuando la mierda os llueva a raudales del cielo
lo veréis como ese maná esperado con anhelo

y no como algo indigno para cualquier ser humano,
sino como un divino don que se pone en vuestras manos.

Aceptad la mierda pues, y dad gracias por ella sin rebeldía,
pues, hijos de vecino, ese es el pan vuestro de cada día.

LAS AUTORIDADES SANITARIAS ADVIERTEN

Cuando escribí lo que a continuación voy a colgar aquí, no lo hice pensando en este espacio. Me explicaré. Hace algún tiempo me di de alta en un foro de escritores que se llama SttoryBox. Es un lugar altamente recomendable, casi de los mejores que he visitado. En él, los compañeros y compañeras que nos dedicamos a esto de las letras no sólo nos leemos los unos a los otros, sino también damos nuestra opinión, hacemos crítica constructiva, debatimos sobre cuestiones que nos interesan, o sobre el mismo hecho de escribir. Es decir, nos retroalimentamos de una forma maravillosa. A veces incluso llega a suceder que algunas palabras te inspiran particularmente, y comentas de esa forma inspirada, y a se vez el autor se inspira en las tuyas y comenta, o incluso se suman más autores a este delicioso juego, creándose un círculo vicioso de creatividad del que no querrías escapar y que además es sumamente adictivo. Por eso mismo, en su momento escribí esto que aquí ahora les presento, como una broma hacia todos los adictos y adictas que en a esa página estamos fatalmente enganchados. Si alguien quiere entrar en ella y comprobar por sí mismo de lo que hablo, el enlace es el siguiente:


Y si desea encontrarme en medio de batiburrillo, mi perfil es este:


En cuanto a la foto de la rata, no fue más que una casualidad que siguió su propio curso con voluntad propia. En principio la puse porque no tenía ninguna foto mía del peso apropiado solicitado por la página, y me pareció gracioso poner una rata. Pero pronto dicho roedor fue adquiriendo vida, hasta convertirse en mi alter ego que en más de una ocasión ha escrito sus propias memorias, que nada tienen que ver con las mías, como es evidente.

Y ya puestos en antecedente, sin más preámbulos aquí les dejo con:


LAS AUTORIDADES SANITARIAS ADVIERTEN


1.


Sres/as administradores/as:

Permítanme decirles que han cometido ustedes un grave acto de irresponsabilidad al crear esta página, aparte de un atentado contra la salud pública. Y es que han creado ustedes una página que puede causar una severa adicción. Y me explico.

Entra uno, sin ninguna idea premeditada, sólo para pasar el rato, como siempre comienzan estas cosas, inocentemente, a leer un texto de @ElAelito, o de @Gala_Sanchez_Montero, o de @Vizqui, o de @Romahou, o de @Arendar, o de @Z634, o de @Despeinada, y o de cualquier otro/a de los psicópatas que están aquí encerrados, y piensa uno, de manera completamente ingenua: “sólo me voy echar uno, para calmar el ansia”. Sin darnos cuenta, comenzamos a leer los demás textos, porque uno solo sabe a poco. Y después comenzamos a leer los comentarios, y comentamos nosotros a su vez. Y cuando lees un comentario de un tercero que te llama la atención, ya entras en su perfil a ver qué cuece o qué enriquece, y te dices, engañándote a ti mismo: “sólo me voy a echar uno, para calmar el ansia”.

Pero es imposible, porque entramos en un bucle sin fin, en una espiral de vicio y decadencia que no puede tener un final feliz.

Porque, mientras estamos inmersos en la lectura, ¿quién trabaja?, ¿quién paga sus impuestos?, ¿quién levanta el país? (Sé la respuesta, así que ahórrensela: quien puede). Y las horas van pasando, y yo comienzo a temblar, síntoma claro de síndrome de abstinencia. Necesito leer uno más... Sólo uno más, lo juro. Será el último. Y después lo dejo. Lo juro. Pero es imposible dejarlo. ¡ESTOY DESCONTROLADO, FUERA DE MÍ! ¡QUE ALGUIEN ME ABOFETEE, POR FAVOR!

Así que, sinceramente, les recomiendo que, como encabezamiento de esta página, pongan algo así como: LAS AUTORIDADES SANITARIAS ADVIERTEN: LEER PUEDE SER SEVERAMENTE ADICTIVO. CONSUMIR CON MODERACIÓN. Si no, van a empezar a lloverles las denuncias por atentado contra la salud pública, colapsar el sistema haciendo pensar al personal, y llenar los hospitales de víctimas de sobredosis de lectura.

Y que conste que se los digo con la mejor de las intenciones. Ahora, ustedes hagan lo que crean conveniente.

Atentamente les saluda,
un servidor.

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2.


¿A ustedes también no les pasa, compañeros y compañeras en el excelso arte de las incomprendidas letras, que cuando las musas están más juguetonas, y la cabeza es un torbellino de ideas, y los dedos casi se mueven solos sobre el teclado, a toda velocidad, como si tuvieran voluntad propia, y ni sentimos la cargazón en los hombros y el cuello de llevar tantas horas sentado, ni nos afecta el picor en los ojos de fijar tanto tiempo la mirada en la pantalla, de repente, nos acordamos de nuestros deberes prosaicos, terrenales, mundanos?

¡Tenía que ser justo es ese momento, no podía ser en cualquier otro! Pero claro, ya sabemos cómo es la vida: ella nunca espera, siempre sigue adelante, con o sin nosotros, como un tren que tiene que cumplir sus horarios, y al que no le importa si habíamos llegado a tiempo a la estación, o si nos hemos subido o no a su vagón.

¡Mamá, quiero merendar! ¡Cariño, deja de una vez el ordenador y siéntate conmigo un rato, que te pasas el día escribiendo y ya nunca me haces caso! ¡GUAU, GUAU, GUAUGUAUGUAUGUAU (que, traducido, quiere decir: como no me saques ya a la calle te juro que me meo encima de tu portátil) ¡Llamamos para ofrecerle un nuevo contrato en su servicio de telefonía móvil! ¡Buenos días, hermano, ¿sabías que Jesús te ama? ¡Tienes dos recibos de la luz pendientes de pago, así que sal a la calle, roba a la primera anciana que veas, acto seguido vete al banco e ingresa el botín, que sin luz, no hay ordenador, y sin ordenador, no hay sttorybox!

¡AAAAAAAAAAARRRRRRRGGGGGGGGGGGGGGGG! ¡PAREN EL MUNDO, QUE YO ME BAJO! Citando al genial Marx (sí, me declaro marxista... de Groucho).

Y yo que esta mañana sólo quería sentarme a escribir un rato, unos minutos, si acaso leer algo de mis compañeros y compañeras de letras, contestar algo en algún foro...

Pero claro, son demasiadas cosas. Y ya lo he dicho más de una vez: necesitamos días de 48 horas y semanas de 14 días. Pero no seamos ingenuos. Eso no sería más que una modificación formal de nuestro calendario. Las musas siempre nos seguirían llegando a deshora, como siempre ha sido, como siempre será.

En ese caso, y se me ocurre ahora de repente y lo escribo a toda velocidad mientras las musas me dictan (mi cabeza es un torbellino en este momento, tal cual lo describí al comienzo de este texto), podríamos probar a llevar una doble vida. Y no me refiero a tener un pisito de soltero/a en el que esconder a nuestro/a amante. Más bien hablo de una realidad alternativa. O dos. O tres. O las que hicieran falta. ¿Se imaginan? En una de esas realidades podríamos ser ciudadanos ejemplares que trabajan honradamente a todas horas para sacar adelante a sus familias y que pagan impuestos religiosamente, mientras que en otra, ocupando el mismo tiempo y el mismo espacio, podríamos ser los poéticos rebeldes que soñamos ser. Y a lo mejor incluso, en otra más, nos atreveríamos a ser auténticos piratas, y surcar los mares, no los de la imaginación, como hacemos ahora, sino los de verdad, esos que mojan y marean y que se vuelven imposibles en tiempos de tormenta. Pero nos daría igual, porque los piratas no vomitan por la borda si no es ron de 90 octanos, y cuando llueve no se mojan, porque todo les resbala (Esto se empieza a parecer cada vez más al relato DONDE DONDE del compañero @Romahou...)

¿Lo ven? Las musas no tienen piedad de mí, ya me están haciendo otra jugarreta. Se supone que, cuando comencé a escribir esta parrafada, no quería más que hacerles una pregunta. Pero no lo puedo evitar, al final siempre me dejo llevar. Y después pasa lo que pasa. ¿Y qué es? Pues que mis diarios quehaceres aún pendientes de hacer ya me están tirando de las orejas (literalmente) para que deje el ordenador de una vez.

Bueno, voy a parar el mundo un rato, y me voy a bajar... Pero sólo un rato. Después me volveré a subir, a ver si no se me ha escapado... Y en ese caso, ¿dónde me quedaría tirado? ¿en medio de la nada, más allá del tiempo y del espacio, en alguna especie de...

¡ALFREDO! ¡PARA!

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3.


Bueno, pues ya estoy de vuelta, con la satisfacción del deber cumplido y la agenda finiquitada (Mentira cochina: la agenda se alía con nuestro otro eterno enemigo, el reloj, para hacernos continuamente la puñeta, y por más que les prendamos fuego siempre renacen de sus cenizas, los muy jodidos).

Ahora me puedo sentar a escribir tranquilo y sin distracciones.

A ver...

Uuuuuuummmmmmmmmmmmmmmm...

(...)

(...)

(...)

¡EJEM, EJEM! (tos nerviosa)

(...)

Eeeestooooooo...

(...)

tic, tac, tic, tac, tic, tac, tic, tac...

(...)

¿Hola? ¿Musas? ¿Están por ahí? ¿Por dónde andan? ¡HOOOLAAAAAAAA!

(eco, eco, eco, eco, eco...)

Mi cabeza está tan vacía como una caverna cavernosamente cavernosa (¿Lo ven? ¡Qué asco de adjetivos!).

(...)

(golpecitos nerviosos encima del teclado)

All work and no play makes Jack a dull boy All work and no play makes Jack a dull boy All work and no play makes Jack a dull boy All work and no play makes Jack a dull boy All work and no play makes Jack a dull boy All work and no play makes Jack a dull boy All work and no play makes Jack a dull boy All work and no play makes Jack a dull boy All work and no play makes Jack a dull boy All work and no play makes Jack a dull boy

(...)

¡Malditas hijas de...!

¿Dónde demonios estarán las musas ahora?

(...)

(continuará... evidentemente)

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4.


Me acaba de surgir una duda existencial tal cual si me surgiera un sarpullido.

Cuando un escritor escribe sobre el mismo acto de escribir, como hemos hecho todos y todas en alguna ocasión y estoy haciendo yo ahora mismo, ¿eso se podría definir como onanismo literario?

Y, ya que estamos en sábado sabadete cena y polvete (como pareado deja mucho que desear, sí, lo sé), cuando alguien elogia mucho tus escritos, ¿te está haciendo una felación literaria?

Y si se produce una retroalimentación y los versos de uno inspiran a los del otro y viceversa y así continuamente, hasta el infinito y más allá, ¿eso es un coito literario?

Al final, esto no deja de ser más que un encuentro entre seres humanos que tienen algo que decir, deseosos de expresarse, de encontrarse mutuamente y hasta de enredarse en los juegos de palabras, y eso, ¿no es acaso amor literario?

Preguntas, preguntas, preguntas... Estar vivo es estar continuamente haciéndose preguntas.

(continuará... creo... si las musas quieren)