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sábado, 9 de abril de 2016

CONTAMINACIÓN MARINA




Y no paraba de lanzar botellas al mar con mensajes de auxilio dentro, pues no deseaba más que ser rescatado de la isla en la que llevaba tanto tiempo atrapado. Hasta que un día llegó a su costa una lancha del seprona, y él se volvió loco de contento, pues ya se imaginó libre de su terrible encierro. Pero la benemérita no venía a rescatarlo, sino a detenerlo por lanzar basuras al agua. Delito de contaminación marina, le dijeron. Y el pobre náufrago se sorprendió de que al decírselo no se rieron, pues sin duda pensó que debía tratarse de algún cachondeo malvado que le estaba gastando el hado.

Hoy se encuentra encerrado en una celda más pequeña aún que aquella roca, en la que no ve el sol, ni siente la brisa, ni el mar toca, y el pobre desgraciado seriamente está pensando en colgarse de una cuerda por el cuello, si no fuera porque en el fondo teme que después de muerto le imputen un delito medioambiental por colgar desperdicios en su celda, el desperdicio que cuelga al final de la cuerda.



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