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sábado, 9 de abril de 2016

SUPERVIVENCIA



A medida que el asteroide avanzaba por el plano celeste, aquella antigua civilización, que se hubiera podido considerar primitiva en muchos aspectos tecnológicos, pero que en astronomía estaban mucho más avanzados que muchas civilizaciones actuales y aún futuras, predijo que no había nada que temer de la gran roca que caería del cielo.

Y la gran roca cayó.

Una gran ola de fuego inundó toda la circunferencia del planeta, condenando a la extinción a toda forma de vida que la habitaba.

Y, no obstante, con su última sinapsis cerebral de pensamiento consciente, el último individuo vivo de dicha civilización supo que, sin lugar a ninguna duda, aquel no había sido su final, sino su nuevo comienzo.

Con la explosión, el planeta y el asteroide hicieron salvajemente el amor, y al llegar ambos al orgasmo, miles de moléculas de ADN, como espermatozooides confusos, salieron disparados en las todas direcciones del universo.

Y aquella raza, junto con todas las demás que compartían aquella esférica arca de Noé, al final, lograron perpetuarse.

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